Lejos de una firma repetible, su práctica se basa en la coordinación de equipos heterogéneos y en la capacidad de integrar variables —técnicas, sociales, económicas— desde el inicio del proceso. A pesar de la inmediatez que imponen las herramientas digitales y ciertas dinámicas de mercado, el estudio insiste en la reflexión como el núcleo irreemplazable del proyecto, como un proceso crítico que anticipa transformaciones y mantiene la relevancia de la arquitectura a lo largo del tiempo.
Esta conversación forma parte de las Architecture Studio Sessions, una iniciativa impulsada conjuntamente por L35, Labóh y World-Architects. Para el estudio, esta implicación es estructural porque responde directamente a su ADN: el trabajo colectivo y la combinación de conocimientos.
Décadas de proyectos de gran escala y en múltiples geografías: ¿cómo se puede construir una identidad de estudio cuando el contexto cambia constantemente?
LUISA BADÍA
Es un tema sobre el que hemos reflexionado siempre, es una pregunta que aparece constantemente. Se espera que un despacho deba tener una identidad visual de su arquitectura, una línea, un modelo a seguir. Lo que nosotros tenemos es una metodología de reflexión en la que el protagonista es el proyecto y no el arquitecto que está detrás.
Claro que hay un equipo, L35, con una manera de abordar y reflexionar sobre los proyectos. Y, evidentemente puede haber elementos reconocibles, pero creemos que la arquitectura es pluridisciplinar. Cada proyecto es particular, no es lo mismo diseñar un estadio que un barrio: el contexto, el usuario, la vida útil, todo cambia.
En el 2027, cumpliremos 60 años como despacho de arquitectura, así que, entre otras cosas, estamos preparando un manifiesto que recoja los valores por los que apostamos.
Trabajar en lo global, ¿cambia la manera de entender lo local?
LUISA
Nos adaptamos a cada sitio. Somos muy respetuosos con lo local, no se puede aplicar una mentalidad española en Colombia, Marruecos o Suiza… Escuchamos, entendemos que existen ADN muy diferentes, maneras de vivir diversas. La sostenibilidad empieza por respetar el lugar: el terreno, la topografía, el asoleamiento, los tiempos de trabajo. El proyecto de arquitectura es una respuesta a todo esto.
Hace poco hicimos una sesión de Design Thinking en París y nos dimos cuenta de que llevamos años trabajando de esta manera sin saberlo. Trabajamos con diversos profesionales según el tipo de proyecto a desarrollar.
Por ejemplo, en el proyecto de co-living en Madrid contamos con un sociólogo que nos ayudó a entender el usuario. O en las estaciones de Roma, debíamos entender las dinámicas de una persona de negocios o de una familia extranjera con hijos y siete maletas.
¿Cómo se trabaja para un usuario tan heterogéneo, incluso difícil de definir?
LUISA
Hemos aprendido mucho del mundo del retail. En definitiva, se trata de crear espacios resilientes y de estar muy al día en cuanto a las maneras de hacer.
Los proyectos pasan por crear espacios de vida, por crear espacios de estar para quedarse, para tener sensaciones agradables, para estar. Un centro comercial no es una maquinita de vender. Pensamos en las personas y ponemos las condiciones.
JAVIER FRAMIS
Retomo un poco: en L35 no hay una línea estilística formal de arquitectura. Cada proyecto es singular: existe una reflexión y un análisis para cada uno de ellos alrededor de las circunstancias propias, del público al que está destinado, de la localización geográfica y la cultura del lugar.
Nuestra línea de trabajo es adaptarnos a cada proyecto. Además, de base, es fundamental para nosotros el trabajo en equipo y lo que significa: incorporar diferentes formas de visualizar cómo se plasma esa imagen arquitectónica en el proyecto. No hay un director de estilo formal.
Otro condicionante es la diversidad de profesionales del estudio. Con diez sedes de L35 en el mundo, ¿cómo se enfrenta el trabajo?
LUISA
Desde su creación, L35 es un equipo. E incorporar otro tipo de profesionales también es importante: estructuristas, instaladores, etc. Incluso, algún especialista específico para un proyecto: en salud del edificio, en tráfico, en paisajismo, abogados, economistas, sociólogos… Por eso lo importante es la metodología para trabajar en equipo.
JAVIER
Aquí el arquitecto es casi como un director de orquesta, la persona que tiene una misión de dirección y de coordinación de un equipo, los músicos. Pero que, evidentemente, debe escuchar la nota de cada música para intentar integrarlas en un resultado final.
La dificultad es tener claro que si estás dirigiendo un equipo tienes que escuchar a todos los componentes, darles valor e intentar, al final, buscar un resultado donde las aportaciones de todo este equipo se reflejen.
Y con tantos agentes, ¿no se pierde el control?
LUISA
No, creo que tenemos la ventaja de nuestra formación. Un arquitecto es capaz de tocar todas las teclas pero no tocar ninguna. Desde que empezamos un proyecto con el urbanismo y acabamos con la construcción de un edificio. Es todo un recorrido.
La formación en este país es bastante poliédrica y politécnica. Tenemos la capacidad de discutir con un estructurista pero no calculamos, por ejemplo. Cuando vamos a otros países, esta manera de hacer nos ha ayudado mucho.
JAVIER
Creo que en España, respecto a otros países, tenemos una visión tanto de la gran como de la pequeña escala: desde la planificación urbana hasta el diseño interior. Por otro lado, también tenemos un enfoque interdisciplinar. Es decir, aunque no seas un experto en estructuras o en instalaciones, sí tienes los conocimientos técnicos básicos como para poder opinar en temas conceptuales sobre las especialidades. Y esto, en definitiva, nos da esa varita de director.
Puede resultar muy difícil llevar a buen puerto un proyecto sin los conocimientos mínimos para redirigir el resultado. Somos aglutinadores de información.
BIM y IA: ¿hasta qué punto estas tecnologías han cambiado y están cambiando la manera de proyectar de L35?
LUISA
Radicalmente. Proyectamos dentro del edificio. Tenemos proyectos en los que el cliente puede ver, en directo, todo lo que hacemos. Es un reto bestial porque la inmediatez nos preocupa, la reflexión previa nos preocupa.
JAVIER
La inmediatez es brutal. Lo que no suple la IA ni la tecnología es la reflexión conceptual del proyecto. Es claro que se trata de una ayuda importante y cada vez lo va a ser más para visualizar y tener resultados de una concepción. Pero los proyectos son fruto de un pensamiento, de una reflexión y concepción previas, no son el resultado de una inteligencia artificial.
LUISA
En general, los clientes no entienden o valoran muy poco la necesidad de reflexionar.
JAVIER
Yo diría que es histórico. En general, depende del tipo de cliente, sus inquietudes, su nivel cultural, etc. Puede ser muy variable, pero antes de que existieran estas herramientas, ya pasaba que costaba que entendieran bien un concepto. Para muchos no era fácil entender un proyecto en planta y alzados, pero con visualizaciones inmediatas en 3D, el cliente sigue estando fuera de esa reflexión arquitectónica y ven un producto final.
Creo que es la cultura “red social”: me gusta o no me gusta.
PAMELA MARTÍN
Se fijan en elementos específicos, pero no en los conceptos y reflexiones previas alrededor de las decisiones.
JAVIER
Para nosotros, la reflexión y el concepto son irrenunciables. Aunque trabajemos sobre las visualizaciones por peticiones del cliente, no perdemos la esencia de la reflexión.
PAMELA
En esa reflexión y en ese concepto es donde está nuestro valor añadido como arquitectos. Buscamos que la imagen represente al cliente (como individuo, como compañía, como empresa), que esté conforme con los acabados. Pero siguen pesando las reflexiones previas sobre cada proyecto.
En L35 desarrollan proyectos que afectan la ciudad, que afectan a grandes flujos urbanos: movilidad, eventos, centralidades. ¿Cómo se diseña para estos flujos, para la ciudad que está cambiando constantemente y para el uso que le damos a la ciudad que también cambia constantemente?
JAVIER
Existe un primer punto importantísimo que es tener conciencia de la escala sobre el tema en el cual estás trabajando: no es lo mismo desarrollar un proyecto de planificación urbanística o generar un nuevo ecobarrio o diseñar la reforma del estadio Bernabéu. Los flujos varían en función de la escala y del proyecto: el estadio se llena y vacía de personas en momentos determinados, mientras un ecobarrio debe tener vida todas las horas del día.
PAMELA
O una estación ferroviaria, que puede estar abierta las 24 horas pero la usan personas que pueden pasar por allí una sola vez y no conocen el entorno, mientras en un ecobarrio el usuario vive allí. Debemos entender quiénes serán los usuarios de los espacios que diseñamos, y no solo hoy, en el 2026, ya que estas intervenciones se piensan para el largo plazo, para edificios con una vida útil de 50 o 100 años.
Por otro lado, realizamos proyectos de 8 o 10 años de desarrollo, así que es interesante imaginar espacios para una sociedad cambiante. Pensamos en espacios flexibles, intuitivos, fáciles de utilizar y en los que la experiencia del usuario sea enriquecedora.
En definitiva, se trata de proyectos que crean ciudad, que generan flujos que se convierten en atracción de población, así que son espacios que viven muchos años, que cambian en el transcurso, y así los pensamos.
¿Cuáles son los retos y las decisiones más difíciles de tomar en estos casos?
JAVIER
El reto principal es esa visión de futuro. Un gran proyecto de uso comercial, por ejemplo: entre el inicio y la finalización pueden pasar 7 u 8 años. Así que, desde el principio, el proyecto se abrirá al público dentro de 8 años, un tiempo en el que la experiencia de comprar puede mutar considerablemente (como hacerlo todo online y no ir a una tienda, por ejemplo). Puede ser que las previsiones espaciales queden obsoletas, así que desde el primer momento pensamos en la flexibilidad y transformación de los espacios. Este es el reto más difícil porque no sabemos el futuro, se puede acertar o equivocar, pero debemos garantizar las transformaciones futuras.
Hemos transformado proyectos que finalizamos hace más de 20 años y vemos que las bases conceptuales siguen funcionando, ya había esa visión: no ha hecho falta derribar proyectos enteros para construir de nuevo.
PAMELA
Por ejemplo, en Francia son habituales los edificios de parking, así que pensamos en estrategias, como el replanteo de la estructura y una crujía específica, que permita convertir estos edificios, en el futuro, en otros usos.
JAVIER
En este caso, por ejemplo, la altura libre para estos edificios es de 2,20 metros: nuestra intención es proponer, desde el inicio, dejar alturas de 2,75 metros para posibilitar futuras transformaciones. A veces no se trata de tener la idea genial con la que se adivina el futuro, sino de temas que son muy sencillos pero condicionan el futuro.
PAMELA
El promotor lo cuestionará pero nuestro papel es acompañar al cliente, explicarle que su activo, que ahora es un parking, dentro de unos años se puede transformar y puede ver un retorno posible en el futuro. Lo óptimo es reconvertir sin demoler y por eso es fundamental la reflexión previa y compartirla con el cliente.
Al proyectar, se tienen en cuenta diversos temas: sostenibilidad ambiental, económica, social, viabilidades, gestión de tiempos, de personal... ¿Cómo afectan estas variables al desarrollo de un proyecto?
JAVIER
Nuestra forma de trabajar es en equipo, transversal y multidisciplinar, así que integramos todo desde el inicio. Es una coctelera: diversos inputs de temas variados, diferentes especialidades, que tenemos en cuenta al empezar para desarrollar cualquier proyecto de forma conjunta. No partimos de una decisión formal preconcebida, aunque sí es un valor importante que condiciona el resultado.
Lo fundamental es tener un equilibrio entre variables para conseguir un proyecto de arquitectura que funcione en el tiempo. El objetivo es construir el entorno donde vivimos todos, desde el nivel urbano hasta el interior de los espacios. Si las condiciones no son aptas, habrá poca vida.
Volviendo al tema del reto: es ser capaces de reflexionar sobre las evoluciones de nuestros proyectos. Que se cumplan los requerimientos del encargo, evidentemente, pero que vaya un poco más allá.
PAMELA
Como ya comentábamos antes, en el proyecto intervienen muchas y diversas personas desde su base, por lo que escuchar se vuelve esencial: escuchar a cada consultor y a cada especialista, conocer las distintas visiones sobre lo que planteamos como arquitectos y comprender dónde podemos aportar.
Creo que debemos huir de la visión del arquitecto como constructor de edificios: nosotros trabajamos el espacio, que es para que las personas lo habitan; y, en ese hábitat, intervienen temas sociales, paisajísticos, emocionales, de salud. En fin, la arquitectura es mucho más que un edificio bonito.
Sigue siendo básico trabajar con colaboradores que saben de todas estas variables para que la suma de todo sea más que una imposición arquitectónica que luego hace encajar el resto de piezas.
Además de estos temas conceptuales, existen otros que debe enfrentar cualquier arquitecto: la normativa, los costes, los plazos de ejecución, la tecnología de cada lugar. Y luego, otros globales que no afectan de la misma manera en el territorio, como el calentamiento global. ¿Cómo trabajar con estos condicionantes?
JAVIER
Existen componentes —como la normativa, los costes, los plazos o las tecnologías de construcción— que condicionan el resultado final del proyecto, forman parte de la realidad del mundo. Así que por eso tenemos una forma de ver la arquitectura, creo que compartida con la mayoría de arquitectos, con una visión abierta a integrar todos los inputs desde el inicio del proyecto para llegar a soluciones que den respuesta y que nos permitan crear espacios para que las personas puedan disfrutarlos y vivirlos.
PAMELA
Un arquitecto no tiene una hoja en blanco: existe un entorno y una ubicación específica en el mundo que condicionan las reflexiones para desarrollar la propuesta arquitectónica; así se escogen materiales y tecnologías, se revisan normativas, se afinan presupuestos, se propone una planificación. Estamos atados a una realidad a la que se debe responder.
JAVIER
La suma de estos condicionantes no produce un resultado final: el papel esencial de un arquitecto es reflexionar para interpretarlos y dar forma a un proyecto.
¿Qué papel tiene y debería tener un estudio como L35 en la transformación de las ciudades?
JAVIER
Somos conscientes del papel. En Francia estamos trabajando en transformaciones urbanas de áreas periféricas que, con el tiempo, se han convertido en zonas urbanas. Por ejemplo, en modificar un hipermercado, con un suelo de gran tamaño, en una pieza adecuada para la realidad actual. Es este caso, esta reforma permite regenerar grandes zonas por un cambio de uso. Así que creemos que la reconversión urbana es la línea de futuro.
Como 22@ en Barcelona: una gran mancha de suelo industrial que empezó a convertirse en espacio para las nuevas tecnologías y que se transformará en una zona residencial también. El destino puede cambiar en el proceso.
PAMELA
Definitivamente, se trata de un tema de usos y suelo en transformación, como en 22@ o en la Zona Franca en Barcelona. ¡La ciudad empuja!
GAIA PELLEGRINI
Un arquitecto también es un consultor: no solamente piensa en lo que se puede hacer, sino en lo que se podría hacer. Una fortaleza de L35 —al haber trabajado en proyectos extremadamente complejos, en zonas del mundo tan diferentes— es conocer diversas maneras de hacer que podrían aplicarse para situaciones diversas.
JAVIER
Tenemos una concepción clave en el crecimiento urbano y es el convencimiento de crear zonas con usos mezclados, que convivan todo el día.
Es cierto que, hoy en día, nos encontramos con restricciones urbanísticas que pertenecen a otra época, así que es importante hacerlo evidente a los responsables de la administración para que cambie y se responda a la realidad actual.
¿Qué le interesa a L35 explorar en el futuro?
JAVIER
Aunque tenemos vocación para realizar todo tipo de proyectos, existen sectores muy especializados dentro de la profesión, como la arquitectura hospitalaria, que aún no hemos tocado. Más que simplemente entrar, nos resultaría interesante participar en un proyecto integrador: una intervención a gran escala que vaya más allá de una única tipología de uso y combine transporte público, intermodalidad, eficiencia, vivienda, oficinas y servicios hospitalarios. Pensamos más en zonas y barrios que en edificios aislados; es una forma de integrar de manera más completa las necesidades de la vida de las personas.
PAMELA
Desde hace años ya se habla de la ciudad de los 15 minutos. Y esta realidad pasa por dejar de fraccionar la ciudad por usos para, de verdad, hacer espacios sostenibles: no se trata solo de lo ambiental y la construcción de los edificios, sino de crear espacios urbanos con usos las 24 horas de los 7 días de la semana.
JAVIER
Ya trabajamos en este tipo de proyectos pero nos gustaría que, cada vez que se plantea un crecimiento de un barrio, pudiéramos incidir en el transporte público y las infraestructuras.
¿Qué seguirá siendo irreemplazable en el trabajo del arquitecto?
JAVIER
La reflexión en la concepción de los proyectos. Esto es irreemplazable.