¿Cómo describiríais el espacio que compartís?
MARTA BAYONA
Es un espacio dinámico y agradable, que acoge diversidad de personas: Bayona Valero y Mariona Benedito —que hacemos arquitectura—, La Invisible —un estudio de diseño de iluminación—, Cities Connection —que ayudan a promover la arquitectura catalana—, y Benito —que ha convertido el espacio en un lugar para conferencias, charlas e intercambio de opiniones sobre arquitectura, diseño y ciudad—.
ALBERT VALERO
Añadiría que se trata de un espacio que, por la dimensión que tiene, somos relativamente pocos. Así que trabajamos con tranquilidad, fundamental para nuestra actividad.
MARIONA BENEDITO
Es acogedor porque, aunque entra y sale gente que viene a las charlas o a ver a quienes trabajamos aquí, estamos rodeados de amigos y de colegas. Esto es algo especial.
Este compartir el espacio, ¿fue una decisión estratégica, conceptual, económica, de vida?
MARIONA
Marta y Albert encontraron este espacio y crearon el ambiente de coworking. Llegué aquí al separarme de mi socio, el lugar me encantó y me pareció fundamental compartir infraestructura y gastos.
MARTA
Hoy en día, los estudios de arquitectura son pequeños (nosotros somos dos personas, Mariona es una). Tener un espacio con estas características, agradable, bien situado, es difícil si no se comparte. Por otro lado, somos un sector muy cerrado, pero hemos buscado agruparnos para ayudarnos. Así que es un poco estrategia y un poco supervivencia, de adaptarnos a los momentos.
¿Qué pasa cuando dos estudios independientes trabajan puerta a puerta?
ALBERT
Puerta a puerta o incluso en el mismo espacio, porque tenemos una cortina que nos separa.
MARIONA
Tenemos una cortina acústica que nos sirve para aislarnos cuando tenemos alguna reunión (y no molestarnos), pero ha habido ocasiones en las que hemos competido: la realidad de los concursos de arquitectura obliga a que te estés midiendo, continuamente, con colegas que son tan buenos o mejores que tú. Y en esta situación hemos estado.
ALBERT
Se activa la cortina en esos momentos porque normalmente no la tenemos activada.
MARIONA
Pero también, muchas veces, hemos hecho concursos juntos. Sin cortina.
¿Puede ser que se contagien las ideas, como una “polinización cruzada”?
MARTA
Sí, contaminación positiva, siempre se aprende mirando. Nos enseñamos los concursos y los proyectos en curso, y siempre se descubren nuevas ideas o se abren formas de colaboración.
MARIONA
Hemos compartido también nuestra constelación de colaboradores, materiales que hemos probado en obras que pensamos podrían servir al otro, incluso soluciones constructivas que alguno de los estudios ha probado. Tenemos una red, más directa y rápida, lo cual es mucho mejor que estar solo.
ALBERT
Y, al mismo tiempo, hay una cosa física, ¿no? Se ha creado un ambiente de trabajo y de reflexión, de consultarnos diversos temas. Es una especie de acompañamiento de trabajo, que es bonito cuando uno es pequeño y cuando somos pocos.
¿Puede haber crítica?
MARTA
No nos hemos criticado mucho… Cuando hemos hecho concursos, por ejemplo, sí que hemos tenido, a veces, discrepancias.
ALBERT
Ahora no recuerdo. Críticas, críticas, creo que, de momento, no las hemos encontrado.
MARIONA
No, no ha habido momentos así. Lo que sí ha habido es algún encuentro de opiniones sobre temas de la ciudad, pero eso también es enriquecedor. Por otro lado, todos somos profesores de universidad, que hace que estemos al día de lo que está pasando, de lo que se está montando. Si alguno ha visto o asistido a algo, intercambiamos opiniones e información. En estos casos, la crítica no es personal sino que expresamos diferentes opiniones, que pueden ser contrapuestas o radicales.
ALBERT
Ha habido momentos de compartir opiniones, más que crítica.
Desde fuera, cada estudio domina una claridad conceptual distinta. ¿Cómo se mantiene esa identidad estando todo el día juntos?
MARTA
Llevamos ya 26 años de profesión y ya tenemos una manera bastante formada de ser, aunque no tengamos un sello que reclame “esto es Mariona Banedito” o “esto es Bayona Valero”. El hecho de estar en la universidad, en constante movimiento, de ver cosas nuevas y empaparte de ellas, hace que cada proyecto sea un proceso único y un procedimiento específico del momento. Empezamos casi desde cero.
MARIONA
De acuerdo con Marta: constantemente estamos aprendiendo y no aplicamos soluciones conocidas. Es ruinoso y agotador, pero cada vez empezamos un concurso con la ilusión de probar algo distinto, de no repetir recetas. Bayona Valero ha construido mucho más que yo, ha desarrollado más obra pública, mientras yo me he centrado más en los espacios efímeros, esto es algo que nos diferencia definitivamente. Y juntos hemos realizado concursos o propuestas para proyectos específicos por Catalunya y más allá.
ALBERT
Hablamos de orfebrería, es nuestra distinción y nuestra manera de trabajar: con otra escala, con el trabajo dividido en fases. Y es positivo que estemos desde el principio hasta el final de un proyecto. No hay jerarquía y esto nos permite estar en todo el proceso: desde la parte más formal del proyecto de diseño arquitectónico, hasta las facturas y las reclamaciones de la administración.
¿Qué responsabilidad tiene un estudio pequeño hoy en día?
ALBERT
Creo que hay una primera responsabilidad de estar trabajando en una ciudad, en un entorno paisajístico particular, de realizar un proyecto perdurable que está modificando ese entorno. Esta es una gran responsabilidad. Pensamos tres veces antes de hacer alguna línea o incluso empezar un proyecto.
MARIONA
Aparte de la apariencia y de modificar un lugar, la responsabilidad es cómo modifica la vida de las personas usuarias del día a día. ¿Cómo se podría ser más generoso? Que una escuela se convierta en el lugar donde aprender sea lo más agradable posible. O, a pesar de las limitaciones presupuestarias, normativas, de las administraciones y de la burocracia, luchar por que la vivienda sea lo mejor posible. Esa es la responsabilidad.
MARTA
Diría, también, que es una responsabilidad el intentar avanzarse a los cambios futuros en las formas de vivir, de planificar edificios que sean más sostenibles. Tenemos que anticiparnos, a pesar de que muchas veces perdemos concursos porque vamos demasiado avanzados. Es fundamental, además, pensar en espacios compartidos para vivir o trabajar. Hoy en día existen más cooperativas y creo que tiene que ver con la manera en que la arquitectura avanza e intenta poner sobre la mesa temas para presionar a las instituciones con ejemplos concretos.
MARIONA
Creo que, además, el hecho de que estemos en la academia hace que hagamos esta gimnasia constantemente, que tengamos la idea de anticiparnos y crear oportunidades que, a lo mejor, no se le han ocurrido a la administración. Nos tienen que comprar las ideas, y ahora ya con unas cuantas canas conseguimos algo más que al principio.
ALBERT
Sobre todo porque las instituciones tienen una manera de hacer, una inercia, y cuesta muchísimo cambiar sus maneras. No perdemos la esperanza, aunque sea duro, y seguimos proponiendo, porque, a veces, es tener la suerte de dar con personas que tienen la puerta abierta a avanzar.
¿Cuál sería vuestra posición frente a la crisis actual de vivienda?
MARIONA
No se puede no posicionarse ante semejante desastre. Es un tema eminentemente económico y de unas políticas de vivienda social que hasta el momento, aquí en España, se han hecho mal. Se ha construido muchísima vivienda pública, con métodos de construcción muy pioneros en su momento, pero se ha vendido. Hoy en día, tendríamos un parque de vivienda construido y protegido, que con poco gasto podría mejorarse.
Necesitamos viviendas, hay que hacerlas. Creo que el futuro está más en la reprogramación de edificios originalmente para otros usos que pueden convertirse en viviendas.
ALBERT
Es verdad que hace falta vivienda, que el parque público está como está, pero hay que cambiar la cultura del tener más de un piso y, sobre todo, preservar determinadas zonas y ciudades con presión sobre la vivienda. Quien viva en una ciudad, debe tener acceso a una vivienda con un cierto margen económico que no suponga pagar el 100 % o el 80 % del sueldo. Por tanto, creo que no es solo un tema de políticas de construcción de viviendas sino una política que proteja a los habitantes de las ciudades.
MARTA
Creo que, además, hay un tema de gestión que debe cambiar: los procesos públicos para construir vivienda tardan hasta una década. Para desarrollar los bloques de vivienda en Glòries, por ejemplo, hemos estado 10 años. Mientras el proceso sea tan largo y costoso a nivel de gestión, ¿cómo puedes construir tantas viviendas como dicen que necesitamos? Se deben agilizar y hacer eficientes todos los procesos a nivel administrativo.
MARIONA
Quizá, aquí puede entrar el sector privado, con incentivos desde el sector público para proponer alquileres sociales y obtener bonificaciones, por ejemplo. No todo puede recaer en lo público. Ya pasa en Austria o en Suiza.
La vivienda es un valor para tener una ciudad más amable, donde los vecinos se conocen, que tener una ciudad llena de Airbnb, donde nadie se saluda y que está muerta. En la parte norte de Europa, los agentes privados pueden acometer reformas potentes en un edificio existente.
ALBERT
O se promueven cooperativas, como en Suiza.
MARTA
En Suiza, comparten los espacios y viven distintas familias en pisos compartidos. Claro que los pisos son muy grandes, pero hay una cultura más respetuosa por conservar los espacios, tanto interiores como exteriores, como un bien común.
ALBERT
Aquí tenemos la cultura de que cada uno debe tener su propio piso, su propia vivienda. A lo mejor debe haber un cambio de paradigma: estamos en una sociedad que, desde hace cien años, vive de la misma manera.
MARIONA
Pero cien años no son nada. Compartir tu espacio tiene otras ventajas, como envejecer juntos. Existen otras maneras de vivir que funcionan y en esta latitud no estamos acostumbrados. Así como se valora tener una salud y una educación públicas, tener vivienda pública implica cuidar los espacios, compartir ciertas zonas.
Mucha gente quiere vivir en Laborda. Primero, porque alguien fue capaz de lanzarse a vivir diferente. Así que existen pequeños empujes hacia modelos que son beneficiosos para la sociedad, que hacen que las personas sean más longevas, que los niños tengan relación con gente mayor. En realidad es buenísimo.
MARTA
Además, la unidad familiar es tan diversa y compleja; muchos viven solos. Y muchas personas ya plantean proyectos para compartir espacios y cuidarse durante la vejez.
ALBERT
Cuando se habla de esta manera de vivir como innovación, pienso en cómo vivían mis abuelos en el pueblo: todos juntos en una casa. Tíos, hijos, hermanos que compartían un espacio grande. Así que no hemos inventado nada.
MARIONA
Exacto, aunque se trataba de la misma familia. Es bastante fácil pensar en este tipo de estructuras compartidas desde la base hacia arriba, más que en un promotor público que hace este tipo de proyectos y las personas que lo habitan vienen de lugares muy diversos. No es fácil que funcione. En cambio, puede prosperar mejor una cooperativa de personas que pueden ser colegas o conocidos lejanos, que se pongan de acuerdo para emprender ese proyecto juntos.
ALBERT
También podemos hablar de coliving en países como Senegal o Marruecos, donde varias personas que no son de la misma familia comparten los espacios para vivir. Es un tema cultural. Aunque se debe tener en cuenta que este tipo de habitabilidad se asocia a la pobreza, a la escasez.
MARTA
Y en realidad no es así. Se debe cambiar la visión sobre esto.
En el contexto cultural, económico y social actual, ¿cómo puede ser viable un estudio pequeño?
MARIONA
La precariedad existe. Yo doy clases en 200 sitios para poder mantener el estudio de arquitectura.
ALBERT
Nosotros nos mantenemos, pero tenemos poco margen, tenemos un equilibrio frágil para mantenernos con un sueldo digno. También damos clases en la universidad.
MARIONA
Es el equilibrio de los platos chinos: vas moviendo uno mientras continúas con dos o tres más, pero debes seguir moviendo el primero, que no se pare. Vamos estresados y agotados.
ALBERT
Si no nos compensara, no solo a nivel económico sino también intelectual o personal, seguramente hablaríamos de desequilibrio. Pero compensamos con lo que nos aporta a nivel personal.
MARTA
Somos un despacho pequeño y esto nos permite trabajar como un fuelle: podemos crecer y decrecer, de forma natural, según el trabajo que tengamos. Para mí, lo complicado es cuando trabajamos para la administración pública (a través de concursos): perdemos mucho esfuerzo y dinero. Así que esto nos da poco margen para contratar personas de forma digna. Hay momentos difíciles pero, al tener que abarcarlo todo, nos ayudamos y trabajamos juntos. Así el esfuerzo se reparte.
ALBERT
Creo que seguimos teniendo un estudio viable, aunque frágil.
Una pregunta para responder por estudio: ¿qué decisiones se repiten proyecto tras proyecto?
ALBERT
Tenemos clarísimo que, cuando hacemos arquitectura, queremos aportar algo a la ciudad, en el paisaje, en el lugar. Esto es innegociable y enfocamos los proyectos en esto.
MARTA
Por lo tanto, el diseño de las plantas bajas es fundamental: el contacto con el suelo, la creación de espacio público dentro del mismo edificio, por ejemplo. Ponemos énfasis en dar soluciones que refuercen la relación del edificio con el entorno.
ALBERT
Tenemos muy claro que un edificio, aparte de tener usos privados, cumple una función porque está ocupando un espacio y debe revertir sobre un lugar que es público.
MARTA
Buscamos una materialidad clara, sin muchos cambios, integrada con el lugar.
ALBERT
Nos interesa la simpleza de los materiales y aprovechar los presupuestos apretados que se tienen al hacer arquitectura pública. Creo que los estudios que trabajamos en el ámbito público buscamos la mejor manera económica de desarrollar espacios confortables y apropiados. Trabajamos desde la humildad de los materiales, eso sí, pero se trata de una búsqueda por optimizar recursos.
MARTA
Desde el primer proyecto que ganamos, al acabar la carrera, estoy obsesionada con los espacios comunes: organizar espacios comunitarios, no cerrar las parcelas al entorno, crear espacios más fluidos.
MARIONA
Por mi parte, me obsesiona buscar algo que sea bello y que pueda, además, generar un cambio en ese lugar. Conseguir desarrollar un proyecto que no sea solo de diseñar espacios, sino que influya en el lugar donde se localiza y en las personas que lo viven. Tuve la posibilidad de trabajar en la reprogramación de un edificio existente, incluyendo una modificación importante a nivel energético, que ganó una mención por parte de la New European Bauhaus. Este tipo de proyectos me retan: con ambición social, económico y bello.
¿Podéis compartir algún proyecto, desarrollado por cada estudio, con algún reto determinante? ¿Qué aprendisteis de cada uno?
ALBERT
Para nosotros, el Casal de Trinitat Nova, en Barcelona. Por un lado, para nosotros significó un cambio de escala (veníamos de desarrollar proyectos grandes y este tiene 1.000 m2). Es un edificio plaza: comprendimos que en ese lugar no hacía falta poner un edificio, hacía falta un espacio público. El aprendizaje fue que, a veces, no hace falta pensar en construir sino en crear un espacio para un barrio. El programa se creó con los vecinos, así que aprendimos mucho de los futuros usuarios, que condicionaron claramente la forma del edificio. Además, recibió el premio FAD de la opinión.
MARTA
Aquí conseguimos crear un edificio que es espacio público. Describe claramente nuestra manera de trabajar: la cubierta es espacio público, el mismo material lo recubre todo (el suelo, la cubierta, las fachadas). Da la sensación de que es una topografía. Esto es recurrente en nuestros proyectos: la topografía, la creación de desniveles y plataformas que integran el edificio.
Otro proyecto para nombrar es el bloque B en Glòries, en Barcelona. El reto principal fue trabajar con un equipo muy grande, tanto entre nosotros como con los otros estudios que desarrollaban los edificios del entorno. Reto de comunicación, de entendimiento (por ejemplo, al decidir materiales para mantener una idea un poco homogénea pero con libertades de expresión).
ALBERT
El aprendizaje mayor fue ver y compartir la manera en que cada equipo enfocaba los mismos retos de manera diferente.
MARIONA
Uno de los proyectos que me gustaría mencionar es de gran tamaño, al menos para mí: 79 viviendas públicas en Sant Boi, un municipio del área metropolitana de Barcelona, que desarrollé con mi exsocio Martí Sanz y con Estudio Herreros. Fueron 11 años de mi vida, en los que cambiaron muchas cosas a nivel personal pero con un solo proyecto de arquitectura. Los retos fueron varios, además de los años de desarrollo: gestionar un presupuesto muy pequeño; trabajar con una administración dúctil, el IMPSOL, que permitió hacer barrio donde no había nada y poder plantear espacios comunitarios en contra del máximo rendimiento del suelo; compartir con un equipo muy grande que hizo que la construcción fuera, también, un éxito.
Otro proyecto, totalmente opuesto y una faceta que disfruto muchísimo, es Les llàgrimes de Santa Eulàlia: el desarrollo de un taller de tres días con alumnos que termina en la construcción del proyecto en el Festival LLUM en el año 2014, y que recibió el premio FAD de intervenciones efímeras. Con un presupuesto bajo, logramos crear magia al suspender unas lágrimas de luz en un patio oscuro. El reto fue el material, así que trabajamos con pelotas de básquet como encofrado, que retenían la presión del agua y se creaba una esfera perfecta de hielo, con luz en el interior. Lo construimos nosotros, además, un reto que disfruto mucho.
¿Qué debería cambiar en la profesión en los próximos diez años?
ALBERT
El futuro es la IA. Y, personalmente, me da respeto la implementación de la IA, el respeto a los procesos creativos y de conocimiento de los que hemos hablado.
MARIONA
Creo que la profesión tendrá que abrirse más, que dé margen. Por ejemplo, en el caso de una vivienda, que cada usuario pudiera escoger los acabados. Que se permitiera dejar estructuras en bruto, que sean perfectibles y que cada uno pueda hacerlo a su manera. Todos queremos personalizar los espacios. Como arquitectos, no hace falta controlarlo todo, hay que dejar ir. Creo que hay margen de cambio.
ALBERT
Somos conscientes de que el arquitecto cree que dicta lo que tiene que ser, cómo deben vivir las personas. Pero no es sino un personaje más dentro de un proceso, un facilitador.
MARTA
Creo que es una profesión que necesita dignificarse. Siento que hay explotación, tanto desde el sector público como del privado, porque las personas no valoran un proyecto ni el trabajo que supone crearlo.
Por un lado, creo que pasa porque no somos buenos en transmitir el valor de lo que hacemos. Así que esto debería mejorar: en valorarse y difundir esa importancia. Por otro lado, debe producirse un cambio en nuestra relación con el dinero y eso es valorarse también. Las entidades deben ayudarnos a parar los abusos, un problema que existe desde que los baremos son libres.
ALBERT
La propia administración ya pide una rebaja en los honorarios en los concursos públicos, en los que se valora positivamente una baja económica.
MARTA
Nos falta aprender a ser capaces de discutir presupuestos. Somos creativos y estamos en una profesión que emociona, que disfrutamos, pero de la que queremos vivir sin tanta precariedad.