La conversación ha sido editada por motivos de extensión y claridad.
Marta Vall-llossera Ferran es arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) y cuenta con una dilatada experiencia en el ejercicio libre de la profesión en España y Latinoamérica. En 2015, se convirtió en decana del Colegio Oficial de Arquitectos de las Islas Baleares, un cargo que compaginó entre 2018 y 2022 con la vicepresidencia primera del CSCAE.
Tras la muerte de Comerón, se celebró un nuevo proceso electoral que concluyó con la victoria de Vall-llossera. Desde entonces, ocupa la presidencia de la CSCAE.
Marta Vall-Ilossera Ferran: Fue curioso, porque es verdad que desde muy pequeña tuve claro arquitectura. Y no me planteé nunca otra opción, nunca estuve con dudas de otra profesión. Tampoco te sé decir muy bien el por qué, sea, sí que es verdad que me gustaba observar, me gustaba dibujar, me gustaba, no sé, el tema de los espacios.
Pero no te sé decir muy bien en qué momento fue una cosa que fue asentando y cuando tuve que tomar decisiones realmente no tomé decisiones porque ya estaba ahí. He disfrutado mucho de la profesión.
Dentro de los ámbitos que yo más he desarrollado, que siempre han sido la obra pequeña, incluso mucha cosa de interiorismo, he colaborado también en ámbitos más de diseño de producto, y la verdad es que siempre me ha gustado y he disfrutado mucho.
Es una profesión preciosa, no exenta de dificultades, porque es verdad que las hay y el ejercicio profesional se ha complicado también mucho, pero sigue siendo una profesión con recorrido.
Muchos de los cambios que estamos atravesando van a pasar por cambios en la arquitectura y en el urbanismo. Por tanto los arquitectos vamos a seguir teniendo un papel clave en todo este proceso de transformación, con muchas nuevas salidas profesionales. Y creo que ahí el rol de esa formación que complementa una parte más humanística con una parte técnica tiene todavía más importancia que nunca ante los cambios que tenemos por delante.
Hablamos de nuevas tecnologías, de inteligencia artificial, de construcción industrializada. Debemos seguir teniendo un papel clave para evitar la homogeneización, la globalización y para seguir prestando esa parte más creativa que es lo que nos diferencia. Las herramientas las podemos tener todos iguales, pero la diferencia la pondremos los arquitectos con nuestra capacidad creativa.
Por tanto, positivo, animo a los jóvenes a seguir en esta profesión.
Se produjo un cierto equilibrio entre la profesión y la sociedad. Fue un momento en que pasábamos a una nueva etapa con la democracia y hubo un planteamiento mucho más abierto, mucho más participativo por parte de la gente. El cambio fue muy importante y en cierta manera también ilusionante, porque yo creo que en todos esos procesos de cambio la ilusión hace mucho.
Otro factor importante es la formación, que siempre ha integrado tanto la edificación como el urbanismo. Ambos han ido de la mano en la educación arquitectónica, y eso ayudó mucho en un proceso que requería consenso. Había necesidad de cambios inmediatos, pero también de planificación a medio y largo plazo.
Los acuerdos alcanzados y el papel de la profesión permitieron a los arquitectos actuar casi como un nexo de unión entre una administración pública deseosa de implantar nuevas formas de trabajo y la formación que podíamos ofrecer. Creo que esto generó sinergias muy positivas que hicieron posibles todos estos cambios.
En junio, Barcelona acoge este congreso internacional de arquitectos con un programa realmente de lujo y se hablará bastante de un tema que ha sido crucial en tu carrera, el tema de la sostenibilidad.
¿Qué oportunidades da un encuentro internacional en este sentido para crear cambios reales a nivel de construcción sostenible, ¿un esfuerzo colectivo será capaz de cambiar alguna cosa a nivel de legislación más allá de las fronteras nacionales?
¿Se está perdiendo la batalla?
Es una cuestión larga y compleja, pero tenemos muchas ganas de saber cómo lo ves porque sospecho que lo ves de manera positiva.
Sí, creo que hay que abordarlo con una actitud positiva y optimista. Es fundamental aplicar criterios de sostenibilidad a lo que hacemos, ya que sabemos que los edificios y las ciudades son responsables de una gran parte del consumo energético y de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Nos obliga a tomar conciencia y hacer las cosas de otra manera. Ya no es una opción, es una obligación de todos trabajar en ese sentido. A nosotros nos afecta directamente y las nuevas directivas europeas que están también planteando objetivos muy ambiciosos nos están obligando a trabajar en ese camino. La nueva directiva de eficiencia energética de los edificios nos va a obligar concebir ya el edificio de otra forma y e incorporar todos esos criterios desde las fases iniciales del proyecto.
Pero también debemos tener en cuenta muchos factores: los materiales, los recursos utilizados para producirlos, cómo se aplican, todo el proceso de construcción y el ciclo de vida completo del edificio, incluso hasta su demolición y la reutilización y el reciclaje de los materiales.
Todo el ciclo de vida; por lo tanto, se trata de una forma completamente diferente de entender las cosas. Y no solo hablamos de nuevas construcciones, sino también de la rehabilitación y la regeneración de los barrios. Este es uno de los ámbitos clave en los que las administraciones públicas deben contribuir a impulsar el progreso, ya que contamos con un parque inmobiliario muy antiguo, construido en su mayor parte antes de que existieran este tipo de normativas.
Llegamos tarde, pero tenemos que seguir trabajando. Y esto tiene un peso significativo en un congreso internacional, porque se trata de medidas que deben llevarse a cabo de forma colectiva, con políticas lo más armonizadas posible entre los distintos países.
Muy complicado. Hay una emergencia clara de falta de vivienda o de dificultad de acceso. El problema es muy complejo.
En el Consejo llevamos tiempo trabajando porque ya en el año 2022 se organizó un foro de vivienda por parte de la UIA en el cual se hizo un trabajo, yo creo, muy intenso en la detección de qué barreras son las que dificultan el acceso a la vivienda. Es una cuestión con múltiples facetas.
En España el planeamiento es muy complejo, muchos planes generales están paralizados durante años porque han decaído por temas a lo mejor menores. Hay una ley del suelo que no ha conseguido los consensos suficientes como para poderse aprobar. A pesar de que hay conciencia de que es necesaria, está costando mucho.
Hace falta plantear medidas estables en el tiempo y sobre todo planteadas a medio y largo plazo. Nos encontramos en un momento crítico, y la urgencia exige medidas extraordinarias.
A través del Observatorio 2030, el Consejo está trabajando en materia de vivienda y ha publicado un conjunto de medidas propuestas. No se trata de soluciones inmediatas ni fáciles, pero representan posibles vías de avance.
Otro aspecto que, en nuestra opinión, requiere atención es el equilibrio territorial. La construcción de infraestructuras en determinadas zonas podría ayudar a aliviar la presión en otras. Queda mucho por hacer, pero, sobre todo, necesitamos una perspectiva a medio y largo plazo.
Serán unos días intensísimos que van a generar muchos contenidos de máximo interés y realmente hay que recoger ese legado y que sea la base para seguir trabajando en el medio largo plazo. Ya se contempla la edición de un catálogo que va a recoger todas estas ponencias, que va a estar para los días del Congreso. Va a haber también un catálogo digital. Recogerá todo lo que es la open call que se realizó y también los contenidos que se han ido trabajando durante el Congreso. Y sí tiene que ser la base para que después los diferentes países, los diferentes consejos de los diferentes países podamos recoger todo ese conocimiento y aplicarlo en ampliación de la investigación adaptada a cada lugar.
La organización es muy compleja, ya que se trata de un congreso único y muy ambicioso, con múltiples sedes y un formato que incluye no solo conferencias magistrales, sino también debates con puntos de vista opuestos, lo que enriquecerá el debate.
En él participan la Unión Internacional de Arquitectos, el Consejo, que representa a todos los colegios de arquitectos españoles, y especialmente el COAC (Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña), con el que hemos colaborado estrechamente. También está el equipo curatorial, seleccionado mediante un concurso internacional de ideas, lo cual fue una novedad.
La logística es inmensa, y hemos contado con un equipo increíble cuya dedicación ha sido excepcional. Pero destacaría especialmente el compromiso de las tres administraciones públicas desde el primer momento.
Desde que se presentó la candidatura en 2019 —por lo que estamos hablando de muchos años—, este ha sido un esfuerzo compartido basado en el consenso. Cada administración ha contribuido dentro de su ámbito de competencia, y creo sinceramente que es un ejemplo fantástico de colaboración plena y eficaz entre las tres.